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(Capitulo 27)
NATALICIO

  A estas alturas ya la mayoría de los conocidos de la princesa estaban reunidos en la clínica. Jamás los habitantes de la ciudad habían visto tanta juventud en un centro hospitalario y lo curioso de aquellas personas es que parecía, literalmente, que hacían guardia.

“La misión: vigilar que nadie irrumpa en el lugar y proteger el momento mas débil de la Princesa de la Luna”

“Habrá que estar preparados para cualquier ataque del enemigo”

“Aunque no creo que ataque, siempre hay que estar preparados para cualquier cosa”

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Templo Hikawa. Japón

  El sonido de una puerta azotada alertó a los presentes.

“¡¿Qué ha sucedido?!” – Gritó Yaten, que fue el primero en recuperar el aliento luego de llegar. Taiki se encargó de intentar cerrar la puerta, pero fue inútil, esta estaba ya rota.

“Mina…” – Pronunció Amy al ver a la recién llegada junto con los hermanos Kou.

  La joven no pudo más que bajar la cabeza.

“Yo tenia ese presentimiento, pero Seiya me lo ha confirmado. Serena está en trabajo de parto, debemos apresurarnos a llegar hasta allá” – Alertó Rai seriamente.

“¡Que!” – Gritó Yaten.

  Hubo un momento de tensión en el templo. Mina le dirigió a Lita una mirada de soslayo y ambas bajaron la mirada. Rai, que alcanzó a notar el gesto las encaró.

“¿Y ustedes, no piensan hablar? ¡Se van a quedar ahí paradas como estatua!”

“N-no” – Dijo Mina, creyendo encontrar un poco de valor. – “Iremos con ustedes, Serena nos necesita”

“¡Entonces lo reconocen! ¿Eh?” – Gritó la pelinegra.

“Rai” – Amy le tocó el hombro. – “No es el momento” – Le habló conciliadoramente.

  En ese momento la pelinegra hubiera querido desarmarlas a insultos pero Amy tenia razón, no era el momento ¡si el lugar! Pero no el momento. Amy y Lita le agradecieron con la mirada a Amy.

“Entonces no nos queda otra opción que partir cuanto antes”

“Usemos la teletransportación” – Sugirió Mina con voz débil.

  El resto de miradas se clavó en ella haciéndola sentir un poco mas pequeña de lo que ya se sentía.

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  Ikuko alcanzó a ver al joven Seiya correr a toda velocidad por el pasillo. Una enfermera lo detuvo y lo reprendió haciendo que el joven se sonrojara, pero aun así no pudo evitar caminar a paso apresurado, estaba tan concentrado en sus pensamientos que por un instante casi pasa de largo a Ikuko si no es porque ella lo detiene.

“Seiya, hasta aquí no mas podemos entrar”

“¿Que? Pero por qué, yo quiero estar con ella”

“Lo siento, esas son las reglas de aquí”

“No puede ser…” – Se dejó caer en el asiento de espera en el que estaban Felicia y Tia Lana.

“¿Cómo crees que se sentirá?” – Decía la primera.

“Los dolores son intensos, hay algunas mujeres que ni los soportan… y existe la posibilidad de que le hagan una cesárea si no puede dar a luz a tiempo” – Informaba la mujer a lo que Felicia contorsionaba el rostro intentando imaginarla sufriendo en esa situación.

  Pero no era la única, otro que había comenzado a hacer trabajar su imaginación desde el momento que le dijeron que Serena estaba en el hospital fue Seiya, quien al oír los dichos de la mujer se aterró en solo pensar que algo malo pudiera sucederle.

  Sin poder resistirlo más se acercó a Ikuko. Ella estaba ajena a todo lo que conversaban a sus espaldas.

“¿Cree que se encuentre bien?”

“Jaja, Seiya no le tengas poca fe, después de todo es Sailor Moon…”

“Jeje, si” – Intentó animarse.

  Pero aun así Ikuko se veía bastante preocupada por su hija.

“Y… Hotaru ¿Dónde esta?”

“Con mi esposo” – Dijo ella. – “Es un buen padre… podrá con ella. Además que no quiso venir y lo comprendo, en el parto de Serena se desmayó antes de que ella saliera y en el de Sammy no quiso entrar”

“Ah…”

  Pasaron unos cuantos segundos hasta que la sobre exigida cabeza del joven Kou fabricó una idea.

“¿Entrar? ¿Cómo es eso?” – Inició como una duda cualquiera.

“Pues… a los padres les dan la opción de entrar a la sala de partos si quieren”

“¿De verdad?” – A estas alturas Seiya no podía ocultar la excitación.

  Ikuko, como si de una clarividente se tratara, adivinó las intenciones del muchacho.

“Ni lo sueñes hijo, no te dejaran entrar, además que dudo que Serena lo permita”

“Uff… es cierto” – Se deprimió momentáneamente.

  A eso escuchó el murmullo de las conversaciones de las mujeres a sus espaldas.

“No y con Esmeralda tu madre tardó diez horas en el trabajo de parto”

  Seiya pasó saliva dificultosamente.

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  Mientras tanto en el hospital de Tokio, el sonido de la maquina que indica los latidos del corazón (NA: en este momento no recuerdo como se llama, si alguien me da el dato lo edito jejeje) de Katsue seguía sonando con la misma frecuencia que hace cinco minutos, que hace un día atrás y de los últimos meses… 

  Darien observaba esta vez desde dentro del cuarto. Vestía un uniforme especial de me medico cirujano. Aspiró hondamente para expulsar lenta y tortuosamente su respiración a través de su pecho oprimido. Si bien los latidos del corazón de la que fuese su novia casi siempre eran constantes, no podía negar que la joven se marchitaba día a día. Sus labios habían perdido todo el color, su rostro había adelgazado y unas oscuras manchas bordeaban lo que antes habían sido unos hermosos ojos color noche. Aun al contemplarla recordaba los, sin duda, agradables momentos que pasó a su lado, porque no podía negar que el tiempo que estuvieron juntos fue muy grato.

“Aquí estoy de nuevo… como casi todos los días… esperando…” – Nuevamente volvió a suspirar.

  No pasaron muchos minutos para que el equipo de médicos viniera por ella para llevarla a la sala destinada a la intervención. Darien vio todo esto en cámara lenta como aquel criminal que ve al verdugo preparar el arma para su ejecución. 

  Así mismo Darien siguió a los doctores. Esto iba a ser más difícil de lo que pensaba.

Perdóname Serena… no podré visitarte este día… en verdad lo siento

  Una solitaria lágrima se deslizó por su mejilla mientras finalmente se decidía a entrar a la sala de cirugía.

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  Serena no sabia exactamente si era valiente, lo cierto es que desde que había llegado al hospital había tratado de quejarse lo menos posible, hasta hace un rato era soportable, pero últimamente se le hacían cada vez mas intensos los dolores provocados por las contracciones que venian muy pero muy seguidas según ella estimaba…

Ahí viene otra vez…” – Dijo en sus pensamientos mientras veía como un obstetra se le acercaba para hacerle tacto. Estaba aburrida de eso, esta ya era la tercera vez que le hacían lo mismo.

“No… aun le faltan dos centímetros” – Comentó este a una enfermera. Ella anotaba todo lo que el hombre le decía.

  Serena bajó la vista al tiempo que se acomodaba nuevamente en la cama y sentía otra contracción (para variar) La enfermera le había comentado que la maquinita que cruzaba todo su vientre era un medidor de contracciones y en este se señalaba el tiempo que transcurría entre una y otra.

“Ahh…” – Gimió lo mas despacio que le dio el cuerpo e hizo una mueca que expresaba con total claridad el calvario por el que estaba pasando.

  Hace algunos instantes había otra mujer que la acompañaba y le comentaba que esperaba a su tercer hijo, ella le ayudó a mantener la calma (sin contar que aquella mujer estaba en las mismas y quizás un poco peor) Se la habían llevado a la sala de partos hace unos diez minutos.

“Ayy cuanto rato voy a tener que esperar aquí…ahhh” – No, no había forma, no importaba como se acomodara, las contracciones no eran menos fuertes. – “No volveré a tener hijos… nunca mas…”

“Mmmm… yo no diría eso Serena”

  La joven levantó la cabeza al escuchar su nombre y ahí vio a la mujer que la había controlado todos estos meses de embarazo. Serena se sintió sumamente feliz de verla.

“Me comunicaron que estabas aquí y no poda seguir atendiendo sin pasar a verte ¿Cómo te sientes? No, mejor no me respondas, tu cara me lo dice todo” – Dijo la mujer con una sonrisa en el rostro. – “No te preocupes, todo esto va a pasar y luego lo vas a mirar solo como una anécdota”

“Ufff eso espero” – Serena volvió a acomodarse en la cama.

“Ah, por cierto, vi a tu novio en la entrada y te manda saludos”

“¿De verdad?” – Pareció muy entusiasmada.

“No, la verdad es que no me vio, pero si que esta muy preocupado ¿quieres que le diga algo al salir?”

“Bueno… ¡que me estoy muriendo!”

“Jajaja, bueno se lo diré”

“No, mejor que no jejeje… solo dígale que ya saldré de aquí… esto no puede durar para siempre ¿no?”

“Así se habla”

  Luego de eso comenzó para ella una importante charla en donde su matrona le decía todo lo que debía hacer. Ya era hora pues en todo el rato que había estado en ese lugar nadie había tenido la delicadeza de decirle como se debía tratar a un recién nacido ¿Es que acaso piensan que las mujeres llevan eso en su programación?  

  Justo en ese momento entró el mismo obstetra avisándole que ya era hora.

  A Serena se le aceleró el corazón. Ahora si que tenia miedo.

 

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  Darien siempre soñó que aquel llanto lo escucharía de su primer hijo con su adorada Serena. Una hija que, según él, sería la culminación de todo el amor que ambos se debían sentir. No estaba del todo triste, pero si preocupado. El cuerpo de aquella bebé resultó ser más pequeño y delgado de lo que él esperaba y no alcanzó casi a verla y los especialistas la metieron a una incubadora y se la llevaron a cuidado intensivo.

  Nuevamente él se sentía frustrado.

“Felicidades Dr Chiba, usted ha sido padre” – Lo felicitó el equipo medico.

“No te angusties, la niña se pondrá mejor, le haremos los exámenes que correspondan y te lo comunicaré pronto. Mientras tanto ve pensando en un nombre para la niña ¿eh? Debemos celebrar”

  Darien esbozó una media sonrisa y se quedó un rato mas viendo como los cirujanos hacían su trabajo. Katsue había logrado sobrevivir y debían curarla ¿otro golpe de la vida? Darien no lo sabia, así como no sabía cual sería el nombre de su hija.

  Al rato después Darien Chiba se encontraba en una sala de cuidado intensivo para lactantes y visitaba por primera vez, después de dos horas, a su hija. Al verla conectada a ventilador mecánico, a suero y unos cuantos sensores, por un momento se sintió tremendamente infortunado, pero solo por un momento. Fue extraño pero de pronto sintió una débil llama en su interior que se fue incrementando poco a poco alimentándose de una súbita idea de proteger por siempre a ese ser tan frágil.

  Entonces tomó una decisión. Ella sería de ahora en adelante su motivo para despertar cada mañana, para seguir, para vivir.

“Entonces… ahora me doy cuenta… todo este tiempo te esperé a ti para que curaras mis heridas… tu, tan frágil, tan indefensa… me has querido aliviar de mi mal” – Acarició una de sus mejillas y la niña tembló, pero luego siguió durmiendo.

  Darien se alejó un poco de la cuna y caminó hasta la ventana, de entre las nubes comenzaba a salir débiles rayos de sol. El no quería que su niña se enterara pero secretamente él estaba pensando en lo que sería de la mujer que más había amado en este mundo. Pensaba si estaría bien, si estaría barrigona y esos pensamientos lo llenaron de felicidad… de seguro ella estaba feliz y rodeada de amor y eso lo confortaba, su hija no nacería sola.

  De pronto tuvo una extraña sensación, algo así como un presentimiento, una corazonada… quizás intuición. Su boca se estiró y curvó hasta formar una gran sonrisa, una desde el fondo de su ser, una sonrisa autentica y llena de sentimiento.

“Príncipe…”

  Darien reaccionó ante ese apelativo que curiosamente en ese momento había descubierto que odiaba con todo su ser ‘príncipe’. Se volteó ya preparado para cualquier cosa, sabia que se negaría a cualquier petición, pero nunca imaginó reencontrarse con esa persona.

“Tu…” – La sorpresa se reflejaba claramente en los ojos del pelinegro y no era para menos. - “¿Cómo…?”

“Gracias a la infinita bondad de la princesa” – Le respondió aquella persona adivinando la pregunta del príncipe. – “Lo felicito su majestad, ha sido afortunadamente padre” – Darien asintió un poco descolocado por tanta reverencia y formalidad – “El destino siempre sabe lo que hace y siempre lo que sucede es para mejor. Ya se dará cuenta de lo que hablo… si el hombre intenta torcerle la mano al destino, este siempre encontrará la manera de volver a su camino”

  Darien no pudo mas que reír ante esas palabras ‘destino’ puaj! Odiaba esa palabra tanto como su noble titulo. Ahora sabia que nada asegura la felicidad y saber el futuro más que preparar a las personas las perjudica.

“¿Aun crees en esas cosas mi querida ‘señora del tiempo’?”

“Principe… ahora mas que nunca tengo esa certeza” – Fue entonces que ella se inclinó ante él y bajó el rostro. – “Vengo en calidad de servicio. Desde hoy en adelante me preocuparé del bienestar de la princesa de la Tierra”

  Para qué decir que Darien estaba estupefacto, pero aun en ese estado su mente alcanzaba a formular algunas razones por las cuales ella podría estar ahí justo ahora, razones que a él no le agradaban.

“¿Ese es tu castigo Setsuna…” – Ella subió la cabeza quedando cara a cara con el pelinegro. – “…por tu traición?”

“No es un castigo, es mi misión, para enmendar mis errores” – Se puso de pie y se mostró cuan alta era. – “Desde que tengo uso de razón, esta ha sido la misión que mas me ha llenado. Quiero hacerlo” – Mostró un claro brillo en la mirada. El príncipe se sobrecogió

  Darien se dio cuenta entonces que cada persona recibía una especie de ‘castigo’ que consistía en hacerse cargo de los errores que cometían. Nada fuera de lo normal. De seguro el resto de los traidores también tendrían su merecido y de seguro consistiría en hacerse cargo de sus errores así como él y ahora Setsuna Meiou lo estaban haciendo… ahora comprendía que este no era castigo del destino, sino mas bien, una oportunidad para remediar el daño que ellos mismos causaron y que en este caso involucraba a una pequeña persona que no tenia ni pizca de culpa en todo esto.

“Entonces… eres bienvenida” – Estiró su mano la cual Setsuna estrechó gustosa.

  Después de todo su hija no iba a estar sola.

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  El parto había sido difícil, largo, agotador y completamente nuevo para ella. Le contaron que iba a doler, le dijeron que iba a sufrir, le repitieron mil y una sensaciones que iba a sentir al ver a su recién nacida, al tenerla en sus brazos. Nada, nada se comparaba con la sensación que en este momento invadía su corazón.

  Mientras una enfermera cubría el frágil cuerpo de la bebe con una manta, Serena sentía la felicidad suprema, el pequeño cuerpecito de la criatura anidada en su propio pecho desnudo. Los temblorosos movimientos de la niña no hacían mas que alegrar a la recién nacida madre y es que sentía que estaba viva, la respiración a veces entrecortada la sentía en su pecho, el estirar y encoger de sus manitos y brazos. Los quejidos, intentaba llorar, intentaba acostumbrarse a este nuevo mundo que le daba la bienvenida.

  Un buen rato después y Serena estaba lista, le habían hecho las curaciones pertinentes y le pidieron a la bebe para hacerle los exámenes de rigor. Serena nunca imaginó cuan difícil sería apartarse de si hija. La desesperación al creer que podría no volverla a ver, el miedo a que alguien quisiera llevársela. Pero tampoco podía luchar contra la naturaleza, su cuerpo ya no generaba suficiente calor, tenía frío, mucho frío y mucho sueño (NA: No se asusten ¡no esta muriendo!), había ganado la batalla más importante de su vida como mujer y estaba exhausta.

Horas después…

  Una fina, tibia y luminosa mano recorrió la mejilla de la recién nacida heredera de la Luna, ella dormía, estaba exhausta de tanto llorar, era demasiado esfuerzo siendo el primer día de ver la luz.

  Su madre a su lado también dormía profundamente.

“Está bonita ¿no?”

  Aquella persona volteó aun sabiendo quien estaba presente en ese lugar.

“Jeje, si, esta muy linda”

  Aquella mujer era el vivo retrato de las obras de arte antiguas que asemejaban a los dioses griegos. No muy alta pero de rasgos muy finos, de cabello color caoba con reflejos rosa, ondulado y largo. Vestía sencillamente con telas que le cubrían hasta los tobillos y estaba descalza. Toda una belleza por donde se viera.

“Eres muy afortunado de tener una prometida como ella” – Continuó ella acariciando esta vez el cabello de la niña el cual inmediatamente se volvió rosa y la Luna creciente, emblema de la familia lunar, brilló tenuemente adoptando también este mismo color.

  El niño Helios se acercó curioso al ver el cambio en la bebe.

“¿Este ha sido el regalo de los dioses…?” – Preguntó tratando de contener la ansiedad. – “¿…o solo suyo Afrodita?”

“No, solo mío…” – Luego de dejar a la niña llegó hasta la madre. – “La criatura fue concebida con amor puro y su recompensa y a la vez su deber será defender el amor verdadero”

  Helios llegó hasta la niña y le entregó un objeto, una campanilla que pendía de un arco en forma de corazón.

“Cada vez que se sienta sola y toque esta campanilla vendré a hacerle compañía” – Finalizó el muchacho mostrando una gran sonrisa, no aguantaría tanto tiempo sin estar junto a ella, de seguro a veces haría trampa y la iría a ver aunque ella no lo llamara.

  No hacían falta mas palabras, sabían ellos que en cualquier momento comenzaría el horario de visitas y este lugar se llenaría de familiares y amigos. Ambos desaparecieron no sin antes que este último les dedicara una leve reverencia a las damas.

  Entonces, como si el tiempo hubiese vuelto a la normalidad, inmediatamente se abrió la puerta y aparecieron las primeras visitas.

“¡Fe--!” – Ikuko le dio un codazo en el estomago al joven Kou pues este no se dio cuenta que madre e hija aun seguían durmiendo.

“Oh, que mala suerte, las encontramos descansando”

“Será mejor que le dejemos los obsequios aquí y que vayamos a conversar a fuera”

“mm.. yo quiero quedarme si no es mucha la molestia” – Pidió Seiya – “Prometo no despertarla” – Se apresuró a añadir viendo la mirada de Ikuko. La señora asintió y se fue en busca de algún doctor para saber mas detalles del acontecimiento.

  Seiya se acercó primeramente viendo a Serena pues la bebe estaba en una cuna y no se veía nada. Pero cuando pudo dar con aquel “bultito” cambió de rumbo y se dedicó a observar con mucha curiosidad a la niña.

“Así que… así son…” – Susurró para si mismo. Claro que los bebes que aparecen en las revistas de padres son sumamente hermosos. Para Seiya fue una sorpresa ver la carita arrugada de la pequeña y esas manitos también arrugadas. – “Si, también es hermosa” – Sonrió sintiéndose invadido por unos enormes deseos de cargar a la bebé. Si… una vocecita se hacia presente en su mente ‘cárgala, cárgala…’ Si, quería hacerlo, quería abrazarla y estrujarla y llenarla de besos y conversarle y contarle de todo un futuro que le esperaba…

  Justo en ese momento la pequeña empezaba a moverse y a quejarse con esa linda, hermosa y preciosa voz. Oh si ¡que coincidencia! ella también quería ser cargada, estaba seguro.

  Estaba a punto de llegar a rozar a la niña cuando…

“Seiya, que sorpresa” – Serena se incorporaba notando todos los obsequios (mayormente flores y cajas envueltas en papel de regalo) que estaban en el cuarto. A la vista de ella el cuarto se había reducido notablemente desde la última vez que lo vio.

  Intentó sentarse pero se le dificultaba mucho hacerlo. Entonces Seiya abandonó completamente su plan anterior y ayudó a su novia. Serena se lo agradeció profundamente con la mirada.

“¿Podrías acercármela? Parece que tiene hambre”

   Oh! ¡Cierto! Lo había olvidado, la niña estaba desesperándose en su cuna. Ansioso estiró sus manos para tomar el diminuto cuerpo de la niña (que resultó ser más liviano de lo que imagino puesto que Serena el último mes había aumentado casi el doble de peso, según él…) Fue entonces que se dio cuenta que era mucho mas complicado de lo que imaginó y la mirada de ‘por favor no la vayas a soltar’ de su novia no hacia mas que presionarlo. Finalmente cuando se la entregó suspiró más que aliviado, había sido una experiencia al límite.  

“Mmmm… Seiya…” – Inició Serena mirándolo de una manera sugerente. Pero Seiya no entendió. Serena suspiró pesadamente – “Podrías voltear, debo amamantarla y… me da vergüenza que me veas” 

“¡En seguida!” – Respondió sonrojado como si le hubieran pinchado el trasero y se acomodó en la cama un poco mas alejado y viendo hacia los obsequios. Fue entonces que recordó que él también traía uno. – “Oye, Serena… tendrás que enseñarme a tratar a un bebé jeje”

“Claro, primero deja que aprenda yo” – Rió mientras al fin lograba que la niña comenzara a succionar. Fue una sensación completamente nueva a parte de nerviosa.

“Voy a hacer una ronda por tu cumpleaños
Un poema mil veces por año
Y así me entiendas cuanto te amo.
Silbare como silba un jilguero en el día
Borrare todas tus pesadillas
En tu boca me refugiaré…”

  Serena no pudo evitar mirarlo. Hace mucho tiempo que no escuchaba una canción nueva de él… y hace un tiempo este ya no le cantaba ¿Se había preocupado? Si, pero no le quiso comentar del tema. Ahora lo escuchaba cantarle al fin una canción y esta le agradó desde el principio.  

”Buscare tierra nueva en el campo
le rezare a un santo al atardecer
nadare mar adentro en tu milla
y de una costilla te haré mi mujer
han crecido en tu piel girasoles
de tu vientre nació mi motivo
sentirme vivo

Voy a ser el que siempre te amarre el zapato
el que cuide de ti cada paso
el que ponga sabor a tus labios.
Silbare la canción de recuerdo en el día
Y en la noche te haré manzanilla
Para verte dormida en mi piel

Buscare tierra nueva en el campo
le rezare a un santo al atardecer
nadare mar adentro en tu milla
y de una costilla te haré mi mujer
han crecido en tu piel girasoles
de tu vientre nació mi motivo
sentirme vivo…”

“Seiya, está preciosa” – Le dijo la rubia con verdadero sentimiento. Si no fuera por la niña que amamantaba ahorra estaría colgada a él y le habría dado un gran beso.

  Ahora la joven madre le sobaba la espaldita a la niña y Seiya observaba esto con mucha dedicación, estaba visiblemente emocionado. Su sueño al fin se haría realidad…

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  Un día después Serena estaba de vuelta en casa. Solo Sella la había ido a buscar. Se sentía bien pero también un poco abandonada, sabia que sus amigos estaban en Japón pero aun así deseaba que ellos hubieran estado para el momento mas importante de su vida, claro que tampoco podía culparlos, nadie se esperaba que el parto se adelantara tanto.

“No me digas que hicieron una fiesta” – Preguntó ella al notar los globos y la música desde la entrada.

“Jeje nos descubriste, pero eso no significa nada” – Le sonrió él con una pequeña dosis de misterio.

  Serena asintió algo confundida y ambos entraron.

  El ambiente estaba muy alegre hasta que ella entró. Súbitamente todos se detuvieron (un dos tres, momia es!) y algunos quedaron en poses muy graciosas, Taiki en especial estuvo muy parecido a una bailarina de ballet. La vista de la princesa se volvió a Taiki y entonces se dio cuenta que sus amigos si estaban ahí y… también Mina y Lita.  

  La quijada de Serena llegó hasta el piso, jamás se hubiera imaginado una sorpresa como esta.

“Hija dame a la pequeña para que se le enseñe a tu padre” – Le pidió Ikuko y ella ni siquiera asintió, parecía en shock. Pero no por mucho tiempo mas.

“Serena-felicidades”

“Uhumm” – Asintió Lita después de las palabras de Mina.

  Serena, tropezando con todo lo que pudo a su paso llegó hasta las dos y las estrechó en un fuerte abrazo. Lita y Mina no hicieron mas que corresponderles (muy sorprendidas por cierto) 

  Aquella noche se hizo corta ¡tanto que celebrar! Y nada de reproches, no era el momento ni el lugar. Solo celebrar la llegada de la heredera de la Luna y el cumpleaños de la princesa así como se debe.

 Tiempo después…

  Al fin, cuando ya se dio por terminada la celebración y todos se hubieran ido Serena acostó a la bebe en su cuna e hizo lo propio en su cama, estaba tan contenta. No era que lo hubiera pasado mal en el hospital pero nada comparaba su camita esponjosa y calida. Por si las moscas, le pidió a su madre que si escuchaba a la bebe le avisara (nunca se sabe cuan pesado es su sueño)

  Y así fue, como tocó la cama se quedó dormida…

  En aquel lugar Serena estaba contemplándose en un gran espejo de cuerpo entero mientras luchaba por peinar su larga cabellera. Esa habitación ya la había visto antes, en otro sueño.

“Felicidades”

  Serena volteó encontrándose con quien menos se lo esperaba.

“Katsue…” - La nombrada sonrió.

  Serena la vio ahí, frente suyo, tan hermosa, tan viva, que no pudo creerlo pues hasta hace poco supo que ella estaba aun en estado de coma.

“¿Has muerto?” – Preguntó algo temerosa puesto que aun le tiene recelo a los fantasmas.

“No totalmente… pero Endymion ya ha sido padre… de mi hija” – Ella lo pronunció de una manera en la que parecía avergonzada.

  Pero Serena no lo notó pues un incontenible sentimiento de pérdida la invadió como un flechazo.

“Oh… me alegro por ustedes… ¿Por qué me lo cuentas?” – No pudo evitar sentirse como se sentía. Pisoteada.

“Yo… ya no puedo volver Serena, ya no soy parte de este mundo, nunca lo fui y como tal no puedo volver” – Katsue la miraba con profunda tristeza. – “Y si pudiera… tampoco volvería” – Serena fue contagiada por la misma tristeza. – “Por favor, no quiero que cargue con mi cuerpo, quiero liberarlo de su tormento…”

“Yo… no puedo hacer eso, díselo tu así como me lo estas diciendo a mi”

“No puedo, ya te lo dije, no soy de aquí, lo que me permite hablar contigo es… porque en el fondo somos una”

  Aquella revelación fue un gran golpe para Serena, pero por alguna razón ya lo presentía, así como muchas otras cosas…

“Es verdad… tu no tienes destino...” – Serena se acercó un poco mas a ella, realmente se compadecía de su hermana. – “Pero no se que puedo hacer…”

“Solo perdóname”

“¿Solo perdonarte?” – Serena no lo pensó dos veces – “Te perdono” – Y lo dijo de corazón, la vida en este mundo le ha enseñado que cada persona tiene sus razones para actuar de la manera en que lo hace. Las personas no causan daño a los demás solo porque si, o al menos eso era lo que ella pensaba. Si se estaba arrepentido siempre se merecía una segunda oportunidad. Mal que mal no creía que ella volviera a lastimarla…

 “Acógeme”

  Serena entendió muy bien lo que ella quería decir y ciertamente era algo que tarde o temprano iba a pasar… ella estaba destinada a este día desde que cambió el curso de su historia.

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Residencia Chiba

“Hizo mucho calor hoy” – Dijo Setsuna mientras llevaba a la bebe a su cuarto.

  Darien dejó caer las llaves sobre la mesita y fue en busca de un vaso con agua, lo estaba bebiendo cuando tocaron la puerta. Extraño, no era común que alguien lo fuera a ver.

  Llegó hasta la entrada y tuvo un extraño sentimiento antes de abrir finalmente la puerta. Instintivamente bajó la mirada rogando equivocarse. Pero no se equivoco.

“Hola” – El lapsus llegó a su fin y todo volvió a la normalidad.

“Se-Serena…”

“Disculpa, pero tengo prisa” – No podía negar que se sentina desnuda cuando él la observaba de esa manera.

“Si, lo siento, pasa”

  Serena caminó a prisa y lo esperó en la sala. Darien llegó hasta ahí aun creyendo que se trataba de un muy convincente sueño.

“He venido…” - ¡Dios! Como se le complicaba estar ahí y ser lo mas natural posible. Respiró hondo. – “¿Vienes… del funeral?”

“Si”

“¿La extrañaras?” – Pregunta tonta. – “Lo siento. He venido porque…”

  Darien la notó impaciente, como si estuviera realmente con prisa o estuviera haciendo algo malo ¿estaría ahí secretamente?

“Ehh ¿Puedo ofrecerte algo?”

“¡No! Estoy bien, gracias”

  En ese momento llegó Setsuna. Al verla se sorprendió demasiado.

“Princesa” – Hizo una leve reverencia.

  Entonces Serena pareció un poco mas calmada, y seria.

“Darien ¿Puedes dejarme ver a la niña?”

“Si” – Asintió extrañado y fue en su búsqueda pues notó que había cierto aire de complicidad entre las mujeres presentes.

  Al regresar con la niña ambas estaban en la misma posición pero notó que algo, no sabia qué exactamente, había cambiado. Darien se la acercó a ella pero Serena le dio a entender que prefería ella misma cargarla. Otra cosa que lo extrañó.

“Está bien… me alegro” – Sonrió ella refiriéndose a la pequeña.

“Si, fue casi milagroso, ella se recuperó en una semana y ya esta como si nunca le hubiese pasado nada. Es curioso pero ella estaba muy enferma y…”

  Serena no le estaba tomando demasiada atención. Algo que realmente comenzaba a incomodarlo puesto que no pensó que ella le fuera tan indiferente. Pero lo que más le desagradaba de la situación es que parecía que era el único que no entendía nada pues Setsuna, según veía, estaba de lo más normal.

  Serena pareció notar aquello.

“Darien, la… niña ya esta bien. Esperé a recuperar todas mis fuerzas e hice lo que pude”

“Tu… ¿tu lo has hecho?” – Ahora todo tenia sentido, ahora que notaba la rareza de su recuperación se daba cuenta que no podía ser normal. Recién ahora… - “Gracias…” – Fue lo único que pudo articular ¿pedir explicaciones en estas circunstancias? No, no tenia fuerzas para eso.

  Serena parecía tan contenta de ver a la niña, era como si realmente la quisiera. Se dedicó un tiempo a observarla, quien sabe que es lo que pasaría por su cabeza. Darien estaba embobado viendo esa imagen, tanto que le dio pena y sus ojos se humedecieron peligrosamente. 

“¿Cual es su nombre?”

  Darien no pudo pronunciar palabra.

“Kousagi” – Lo hizo Setsuna por él.

“Kousagi” – Repitió Serena, por alguna razón se le hacia familiar aquel nombre.

  Minutos después Setsuna y la bebe se habían adentrado en la casa a petición de Serena. Ella se puso de pie frente a frente con su ex.

“¿Cómo está… ella?” – Realmente no sabia como dirigirse ni preguntar, se sentina tan mal por eso.

“Serena Usagi, lleva el nombre de la tradición Lunar” – Informó ella con incomodidad. – “Ella está bien. Nació muy sana y… tiene el cabello rosa” – Sonrió con melancolía.

“Ya lo sabia” – Le dijo con el mismo pesar. – “¿Me dejaras verla?”

“Si, pero no ahora… estamos muy ocupados”

“Ah, entiendo. Supe que pronto serás coronada” – Trató de seguir una conversación.

“Si, en mi matrimonio”

“Oh…”

  Serena de pronto recobró esa impaciencia con la que llegó.

“Darien, yo no solo vine a saber como esta Kousagi, también he venido para saber si lo has pensado y quieres colaborar en la causa”

  Darien suspiró y dejó pasar unos segundos antes de responder.

“Si, Serena, no me queda otra opción, también quiero lo mejor para las personas de este planeta… y confío en ti”

  Serena sonrió. Sabía que era una carga mas para Darien en este momento y peor ahora que llegaba del entierro del cuerpo de Katsue.

“Supongo que eso era todo lo que venias a decirme ¿No?”

“Supones bien… por esta vez” – Hubo un momento de silencio que ninguno se atrevió a romper para agregar algo mas. Fue entonces que Serena tomó su bolso. – “Debo irme, me esperan”

“Entiendo”

  Fue la última palabra. Ella pasó al lado de Darien dispuesta a irse pero este en un arranque de (quizás locura) le tomó el brazo obligándola a voltear y encararlo. Ella tampoco pronunció palabra, solo se miraron a los ojos por largos segundos.

  Infinidad de sentimientos…

  Serena rompió el contacto decidiendo marcharse al fin y Darien quedó, ahí, de pie, como si tan solo hubiera sido un sueño, pensándolo bien, ya no estaba tan seguro de no haberlo, tan solo, imaginado.

Continuará...

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