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(Capitulo 6)
UN ENCUENTRO INESPERADO

Esa noche, ninguno de los jóvenes lo esperó, y por motivos que aun se desconocen,  todos se quedaron en la comunidad, aquella mansión que fue adaptada como hospedaje para todos los jóvenes y viejos que se reunieron. Los cuartos se distribuyeron de 5 personas, situando a Serena con Felicia, Calizto, Ariel y Umbriel.

Pero ellas no iban a dormir, ya era pasado la media noche y aun reían divertidas contando sus anécdotas.

“Felicia ¿te acuerdas el día que llegaste con el cabello corto, muy corto?” – Contaba Umbriel iniciando un nuevo relato.

“¡Yo me acuerdo!” – Saltó su gemela Ariel – “Hubo gran conmoción en la comunidad. Lo mejor de todo fue que al día siguiente tu cabello estaba casi tan largo como antes” – Todas rieron con gracia. Serena recordó que alguna vez le sucedió exactamente lo mismo al convertirse por primera vez en la Princesa Serenity.

“Siempre me he preguntado porque sucedió eso” – Analizó inexpresivamente Calizto.

“Y desde entonces que tengo que usar moño pues sino mis compañeros de la preparatoria me encontrarían extraña”

  Serena se reía muy divertida de las anécdotas que ocurrían en torno al Círculo. Ella no hablaba mucho, no tenia mucho que decir, no cuando cada recuerdo de su vida anterior le hacia recordar lo mucho que ha cambiado su suerte… eso la llenaba de melancolía. Sin embargo escuchaba muy atentamente las conversaciones.

Toc toc..

 Las chicas, creyendo que se trataría de algún superior, se acostaron lo más rápido que pudieron acomodándose torpemente una sobre la otra.

“Pzzt! Somos nosotras” – Susurró una voz femenina a lo que las demás suspiraron aliviadas.

“Coralia, Elizabeth pasen y tomen asiento”

  Las recién llegadas no hicieron esperar y se acomodaron donde pudieron. Ariel sonrió traviesamente llamando la atención para decir algo más.

“¿Y la vez que te castigaron Calizto porque creyeron que tu habías formado la tormenta sobre la comunidad?”

“Jejeje… si que me acuerdo, la que la hizo fui yo” – Rió Elizabeth apenada y nerviosa.

“Muchas gracias, hasta el día de hoy creen que yo fui” ¬¬ - Refunfuñó Calizto al recordarlo.

  Serena rió otra vez reconociendo ese carácter en una de sus antiguas amigas.  

“Hey! Apropósito de eso te conté lo que me paso...”

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Tokio, Japón

“Listo, llegó la hora” - Dijo la joven de pelo negro después de consultar el fuego sagrado por ultima vez, luego se levantó y salió de la habitación.

   Mientras iba rumbo a su habitación se detuvo al recordar la primera vez que se transformó en Sailor Scout, como trataba a Serena diciéndole que era una niña llorona... eso y recordó inmediatamente la escena en la que todas traicionaban a su amiga, desacreditándola, desmereciéndola, incluso Darien, ni hablar de ese hombre, al pensar en él una mueca de asco involuntaria se formó en su rostro. Entró a su habitación saliendo de ella a los pocos minutos con una maleta y un bolso de mano. Ya lo tenía listo hace varios días.

  Cuando se dirigía a las afueras del Templo se tropezó sin querer con Nicholas, el único amigo que ha tenido en este tiempo.

“¿Ya te vas?” - La joven bajó la cabeza para después asentir. – “Te deseo suerte en tu viaje, y... espero que vuelvas pronto” – Sonrió para darle ánimos pero estaba claro que él sentía que parte de su propia alma se alejaba.

“El trayecto es muy largo, tengo dos paradas y luego volveré. Espero que sea antes de dos meses” – Explicó mientras hacía ademanes falsos de buscar algo en su cartera, aun sin atreverse a encararlo.

“Yo te esperaré y cualquier cosa que suceda te voy a avisar así que cuando llegues déjame el teléfono de donde estés”

“Gracias Nicholas… por apoyarme en esta decisión, gracias por todo y te prometo que todo saldrá bien” – Le sonrió nuevamente pero su mirada expresaba una profunda pena.

“Gracias a ti por todo” - Sus ojos sin querer se aguaron – “¿Que crees? me dio pena, me siento como si no te fuera a ver jamás, pero sé que volverás y te esperaré”

“Volveré, te lo prometo” - Ambos se abrazan tiernamente y después de un beso en la mejilla la sacerdotisa salió del templo y se subió a un taxi rumbo al aeropuerto.

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Mansión Tenou, nueva base scout, hogar de la Princesa Katsue.

“¿Ya le dijeron a la princesa los resultados de su búsqueda? – Las detuvo Hotaru cuando ellas bajaban por las escaleras.

“Si” – Respondió Lita.

“Ya está enterada” – Agregó Mina a lo que Hotaru sigue su camino.

“Es extraño” – Comenta Lita con el seño fruncido pensando. – “Casi no hablamos con la princesa, las únicas que hablan con ella son las outers”

“Si, yo también me siento desplazada, a veces extraño a...”

“¡Ni lo menciones!” – Exaltada reacciona tapándole la boca. Luego, asegurándose de que nadie las hubiese escuchado la liberó y ambas bajaron las escaleras.

“Lo siento” – Se disculpó la rubia con la cabeza baja.

  En ese momento Darien está pasando por ahí y comienza a escuchar la conversación de ambas escondido tras la pared contigua.

“Me parece que ya han encontrado a la princesa Serenity” – Inicia Mina a lo que Lita nuevamente le pone mala cara y niega con la cabeza.

“Si, ya lo sé… Lo malo es que no quiere cooperar con la princesa Katsue, siempre ha sido muy terca” - Mina asiente.

“¿Y has escuchado los rumores que dicen que en donde se encuentra está rodeada por gente extraña?”

“Si, y que su aura ha cambiado mucho, lo que hace que se vea mucho mas poderosa. ¿Tú crees que busque venganza?” – Una sombra de temor se instala en la mirada de ambas.

“Después de la última vez que la vi, de ella me espero todo. ¿Vamos a los jardines? Hace rato que me siento observada” – Propone Lita echando un vistazo una vez mas. Estaban saliendo de la puerta cuando el Príncipe las atajó impidiéndoles el paso. – “¿Que ocurre alteza?” – Lita era muy intuitiva y sabia que no era coincidencia que el príncipe haya aparecido justo en ese momento.

“Sabes que cuando estoy normal me puedes llamar Darien” – Ambas asienten.

“¿Que necesita?”

“Lo que ocurre es que por casualidad escuche que saben donde se encuentra ella y... quiero que me lo digan” - Las jóvenes lo miraron con incertidumbre.

“¿Vas a ir a verla?” – Preguntó Mina curiosa.

“No. Sólo quiero saber donde está” – Se apresuró a aclarar pues no le gustaba esa mirada en la diosa del amor.

“¿Y su prometida no se enojará si le contamos?” – Lo inquirió Lita mirándolo fijamente lo que ocasionó que Darien tartamudeara pero luego se recuperó.

“Ella me comprende en todo sentido, por supuesto que no se va a enojar” – Infló el pecho para mostrar superioridad.

  Lita y Mina se miraron nuevamente y se encogieron de hombros.

“Ella está en América, en un país pequeño...”

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   El resto de la estadía en la comunidad fue muy gratificante, Serena hizo muchos amigos pero aun así le faltó conocer a muchos más.

   A la madrugada del día siguiente la familia Loccus se despidió de la comunidad volviendo a casa y retornando a la vida de siempre. El resto de alumnos se quedarían ahí esperando órdenes para volver a sus casas ya que la reunión extraordinaria había terminado.

   Fue cuando todo volvió a la normalidad que Serena pensó mas fríamente en las razones de ese extraño encuentro ¿De que guerra hablaban? En ese instante quiso preguntarle a Felicia, pero olvidó que el trayecto de vuelta a casa era en el más hermético silencio. Ya para cuando llegaron a la casa Serena se le había olvidado de todos sus razonamientos, la había vencido el cansancio, eran cerca de las 6 de la madrugada y todas iban exactamente igual por lo que fueron a sus respectivas habitaciones y se dispusieron a dormir.

   Aunque les tocaba clases esa mañana Soe las dejó dormir ya se lo merecían, pero de igual manera se levantaron a una hora adecuada a excepción de Mia (la hermana del medio) quien durmió hasta mucho rato mas.

“Esta vez me toca a mí ir a comprar” – Saltó Serena, fresca como lechuga, justo en el momento que Felicia iba a tomar el dinero.

“¿No quieres que te acompañe?” – Le dice esta.

“¿Para que? Si queda a una calle de aquí”

“Hija deja que vaya” – Le dice su madre comprensivamente, posteriormente mira la hora – “Bien, dile a Mia que se levante pronto, yo me voy a trabajar, nos vemos en la tarde”

“Yo salgo con usted” - Ambas se fueron. En eso entra la tía de Felicia con una expresión muy extraña en su rostro.

“Si no llega aquí en diez minutos necesito que vayas a ver lo que ha sucedido, tengo un mal presentimiento pero no estoy segura” – Dice Lana con clara muestra de preocupación.

“De acuerdo tía” - Se asoma a la ventana para ver donde va Serena. Todo parecía estar normal hasta el momento.

  En el camino Serena comenzó a sentir un muy ligero mareo pero no le dio mayor importancia. Se dirigió a la primera tienda de víveres pero esta estaba cerrada por lo que tuvo que caminar dos calles más, aquello no le importó. Mientras tanto un hombre la seguía de cerca pero muy discretamente por el costado de en frente.

“Es verdad lo que dicen, desprendes una calidez que aun hasta aquí la puedo sentir”

  La joven se detuvo en una pequeña tienda de bebé para mirar en la vitrina, sonreía para si misma y se imaginaba como seria su hijo, trató de calcular la fecha en que nacería.

“En junio” - dijo para si misma luego de contar con los dedos. Luego retomó camino.

  El hombre cruzó la calle y se detuvo en el mismo lugar en el que ella se había detenido antes y lo observó. Su rostro se contorsionó por la extrañeza ya que ese local exhibía accesorios y ropa de bebe. Pero no pudo pensar mas porque se dio cuenta que la muchacha le llevaba bastante ventaja por lo que se apresuró para alcanzarla.

  La joven se detuvo en una esquina y entró en la tienda de la misma. El hombre sin dudarlo también lo hizo pero se tapó el rostro con una revista y se dedicó a observarla. Ella se veía muy entusiasmada comprando y de vez en cuando su mirada alegre pasaba ante los ojos del hombre sin que esta se diera cuenta de quien es.

No se que tienes pero has cambiado, tienes algo espacial en la mirada, algo que yo no había visto nunca… Estas mas hermosa que antes”. - El hombre se golpeó la cabeza razonando que no debía pensar en esas cosas. - “Yo he venido a otra cosa Serena, espero que si aun sientes algo por mi aceptes mi felicidad y la de mi familia... ¿Le cuento que voy a ser padre?  No, le rompería el corazón y tal vez ahí si que no me quiera entregar el Cristal de Plata - Entre tanto pensamiento no se dio cuenta que la joven ya había pagado en la caja y que estaba a punto de salir. Se apresuró a salir antes que ella y la esperó.

“Muchas gracias y hasta pronto” – Se despidió la joven y al salir de aquel lugar se topó con quien nunca había esperado toparse. Pensó que podía ser un sueño y lo único que atinó a hacer fue tocarle el rostro a ese personaje para luego pronunciar –

“Darien...” –

  Y caer desmayada esparciendo las bolsas de su compra.

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  En ese momento Lana abrió los ojos asustada.

“¡Felicia, ve!"

  La nombrada salio de la casa lo mas rápido que pudo, siguiendo el trayecto de la rubia, pasando primero por la tienda que estaba cerrada y luego llegando a la que estaba un par de calles mas alejada. Ahí le contaron que a la joven la vino a recoger una ambulancia pues había sufrido un desmayo y que un hombre muy bien parecido la acompañó. A Felicia no le pareció extraño puesto que se podía tratar de cualquier persona que la hubiera ayudado.

Hospital 

“¿Como esta la joven doctor?”

“Esta estable, sólo le bajó la presión, debió haber sufrido una fuerte impresión pero ahora le hemos dado un tranquilizante pues se ha despertado muy agitada” – Dijo este con una ficha en sus manos.

“¿Pero esta bien? ¿No esta enferma o algo así?”

“No, es muy normal en su estado”

“¿En su estado?” - ¿Estaba realmente muy enferma? ¿Incurable? ¿Con tratamiento? Darien estaba sumamente confundido.

“¿A caso no lo sabe? Ella esta--”

“¡Enferma!” – Interrumpió un grito – “Esta enferma...” – Repitió Felicia mientras tomaba profundas bocanadas de aire.

  El doctor miró extrañado la escena pero al captar la mirada de suplica de la joven captó una indirecta.

“Yo me retiro, los dejo para que hablen” – Dijo el doctor desapareciendo por el ascensor.

“¿Quien eres tu?” – Preguntó el pelinegro sin comprender.

“Yo soy Felicia y cuido de Serena” – Darien de inmediato concluyó que esta era una de las personas extrañas de las que podría estar rodeada su ex novia. Pero indagar sobre ese tema era algo que definitivamente estaba en segundo lugar en estos momentos.

“¿Que es lo que tiene?” – Preguntó endureciendo la mirada, intentando penetrar los ojos de la joven.

  Felicia se enfureció.  

“Eso no es de tu incumbencia, ahora quiero que te largues” - Ambos se fulminaban con la mirada. Darien comenzó a sentir una extraña energía que brotaba del cuerpo de la joven.

“Me largaré, pero ten por seguro que volveré y obtendré lo que necesito” -  Y con esa ultima advertencia se dio la vuelta y se alejó.

“No sé como puedes tener la conciencia tranquila. Cuando ella se entere querrá morir” - El hombre volteo nuevamente sin entender a lo que se refería exactamente la joven pero ya a estas alturas se sentía realmente fastidiado por la presencia de la muchacha, tenia urgencia por salir de ahí.

“No sé que hablas” – Dijo impertérrito.

“Si tu intención era conseguir el Cristal de Plata para formar Tokio de Cristal y vivir tranquilo con tu futura esposa e hijo, te aseguro que eso no va a ocurrir”

  Darien quedó pálido. Quiso preguntarle cómo es que sabía todo eso pero se contuvo, su orgullo era aun mas fuerte, sólo se limitó a decir…

“No quiero que se lo digas, en su momento yo se lo diré”

“Yo jamás le causaría un dolor como ese” – Felicia se volteó y caminó hasta la sala de observaciones donde se encontraba Serena. 

  Darien estaba por salir del hospital cuando recordó que la cartera de Serena aun estaba en su mano derecha (Que distraído) aunque con la escena anterior cualquiera hubiera quedado descolocado y aunque tenía la clara intención de devolverla, un fuerte impulso de curiosidad lo tentó inspeccionar antes. Hace mucho tiempo de casualidad observó que Serena guardaba cada pequeño recuerdo de ambos en su billetera, inclusive una fotografía de ambos tomada en el parque y quizás por egolatría o solo intromisión quería corroborar que aun los guardaba. Su boca dibujó una complacida sonrisa al contemplar dicha foto en el mismo lugar, se notaba que no lo había olvidado y en cierta forma le agradaba estar aun en la mente de la rubia.

  Inspeccionando dentro de la carterita sacó el antiguo intercomunicador de las Sailors (¿Por qué aun lo guardaba?), un conjunto de llaves en un llavero en forma de conejo, también muchos papeles incluidas antiguas boletas de compras de Japón, envoltorios de dulces, un sobre de paracetamol, una pequeña libreta y un lápiz de punta de conejo, un labial, otros papeles y… Algo le llamó la atención, entre todos esos papeles divisó uno mas alargado parecido a una carta doblada en tres partes y con el logo de aquel hospital.

  Enseguida supo que de aquel papel sacaría la información que necesitaba para saber qué era lo que Serena padecía.

CARNE PERINATAL

  Darien quedó lívido, seguir leyendo solo era una formalidad.

Apellido: Tsukino
Nombre: Serena
Edad: 17 años 

  Finalmente el documento terminó por resbalársele de las manos mientras que un sudor frió recorría su espinazo y no atinaba a nada mas que tiritar de nervios. Una de sus manos la llevó hasta la cien y comprobó que estaba mojado y peor aun, el corazón le latía a mil por segundo. Decidió recoger el documento para seguir observándolo.

Nombre del progenitor: ------------------------- (Paternidad no asumida)

Observaciones: Embarazo precoz, paternidad no asumida…

  ¿Paternidad no asumida? Eso si que le molestó ¿Qué sabía ella si asumiría o no? Por un instante quiso ir a reclamarle pero al seguir leyendo se dio cuenta que no se atrevería y menos se atrevería a decirle que se había enterado por casualidad.

“Ya tiene doce semanas…” – Suspiró entrecortadamente – “Qué haré ahora… voy a tener dos hijos”

  Se frotó la cabeza con las manos a tal punto de hacerse daño en la nuca, posteriormente depositó todas las cosas en la cartera con torpeza y se apresuró a devolverla. Al llegar al segundo piso y no ver a nadie reconocible decidió dejarla en algún asiento y marcharse sin rumbo fijo.

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Tokio, Mansión Tenou

“Princesa…” – La voz sombría de Setsuna anunciaba una mala noticia  - “he sido expulsada de la puerta del tiempo, ahora ya no puedo ver nada”

…Los que te sigan serán severamente castigados…

“No puede ser” – Pronunció esta y se sintió como si de pronto le faltara el aire.  Haruka la ayudó a sentarse.

“Yo aun puedo ver en mi espejo de Neptuno” – Comunicó Neptune con un dejo pedante.

“¿Me podrían dejar sola un momento?” – Rogó la princesa a lo que sus guardianas no se pudieron negar. Setsuna abandonó la habitación sintiéndose el ser más miserable del mundo.

  Katsue, al verse sola se reincorporó y furibunda caminó hasta la cortina que cubre ese extraño espejo para destaparlo, bajo el velo el rostro pálido de aquel ser la observaba impasible.

“¿Vienes para pedirme explicaciones?” – Se adelantó a los hechos.

“No. Solo quiero aclarar algunas dudas. ¿A esto te referías con que serán castigados los que me sigan?”

“No solo eso, esto es solo el comienzo mi querida Katsue” – La mujer hizo una mueca de fastidio.

“Tu que lo sabes todo. ¿Obtendré el Cristal de Plata?” – Preguntó impaciente.

“Tu futuro no esta escrito y tu destino no aparece en las estrellas, tu no deberías existir y lo sabes” - La joven miró el cielo con un dejo de tristeza, esas palabras le llegaron a lo mas profundo del alma.

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  Serena, ya en casa y ya de noche intentaba conciliar el sueño, solo que este le era esquivo por ahora.

  Hace tiempo que no se de ti, Luna ¿Qué ha sido de ti? ¿Será que también me has traicionado? O tal vez te has ido con Artemis. Tu siempre lo has querido y no me extrañaba que quisieras estar con él ya que hay que aprovechar el verdadero amor... sin embargo algo en mi corazón se resiste a pensar que me has traicionado y en vez de eso solo puedo pensar que volverás pronto y que pronto te pediré que seas la madrina de mi hijo.

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  Una mujer con apariencia de 20 años, elegante, de cabellos ondulados negros y largos estaba en un aeropuerto, se veía muy sencilla, su traje formal en color amarillo hacían resaltar que es una mujer de bien y esa larga cadena que termina en un adorno en forma de luna combinaba perfectamente con su apariencia.

  De repente una persona se acerca a ella y le toca el hombro.

“Te estaba esperando” - Dijo la mujer al voltear.

“Te traigo noticias y algo que se te ha olvidado” - La mujer hizo una ligera sonrisa y sus ojos se iluminaron.

Continuará...

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